domingo, 22 de marzo de 2009

En la orilla de la verdad

José Antonio Talva



Fue un día exageradamente
utilitario
sol, lluvia, y luna llena.

Perfecto para narcovolar
leer
ofender
y rascarle
el ombligo a la tristeza.

Apto para caer
en la seducción
de la locura
la paz
la hipocresía
el dolor.

Hoy ningún perfecto
me impidió
pensar y hacer.

***

No soy ateo
estoy seguro
me han forzado
a rendirle culto
a los dioses gringos.

A Superman
a Batman
y al Hombre Araña.

***

Estas paredes
testifican mi precaria soledad
no sé si me entiendan
me ven con tanta frialdad
que se me entumecen
los testículos.

Me enferma
la ausencia de tu rabia
y tu maldita sonrisa
esa falsedad
que me revuelca
en la cama
en el piso
o en la tierra
elaborando el simulacro
del orgasmo.

Si pudiera
masturbarme el alma
si tan solo
pudiera sacarme
de los poros
el volumen de tu cuerpo
tirarlo al basurero
de la esquina
y ver, cómo se lo disputan
los perros.

***

Si tus deseos son
que mis huesos
alimenten el infierno.

No te voy
a dar gusto
muerte
cerota.

***

Reírme a la cara
del Dios pagano
rezarle estupideces
a la vida.

Es tan necesario
como oír
a mi madre
orarle a Dios
para que yo
deje de ser ateo.

***

En un parpadeo
te escapas vos
se escapan todos.

Sin embargo
yo me quedo
atrapado como esperma
en útero maduro
como lágrima
en la conciencia
como odio
en tu pasado y presente.

***

Te prometo
odiarte
nada más
hasta que las religiones
dejen libre a Dios.

***

El bus
y la parodia de la felicidad
se necesitan a diario.

El bus, en su menú
ofrece música chatarra
mentadas de madre
por no llevar sencillo.

La parodia
lo complementa
con: hambre, celulares
harapos de etiqueta
y pestilencias caras
convertidas en perfumes
etc., etc., etc.

Todos con su mejor máscara
endeudada con la apariencia.

Así, día a día
este tierno teatro
se repite.
Mientras, el chofer
y el ayudante
ahogándose en palomitas
hueviadas.

***

La vida
se estremece
en medio
de el ladrido
de perros.

En medio de el grito
de lechuzas.

Sin embargo
las agujas
siguen contando.

***

Mis años
se escandalizaron
de nuevo
al sentirme
cada vez más viejo
y sin construir futuro.

En fin, soy yo
¿a ustedes qué putas
les importa?

Vayan a fastidiar
a otros
que ya estén cansados
de construir y destruir
los sueños de otros.

***

A los niños iraquíes
hoy, la leche
no les supo igual.

Se la contaminaron
con una bacteria
llamada gringo-aliados
más conocida
como asesinos
en nombre de la paz.

Metáfora descifrada
como hambre
de petróleo.

***

Ideas que divagan
que no alcanzan
a cambiar la verdad.

Voy a escanearte
completa vida
quizá el computador
encuentre en mí
algo que te conmueva.

Pues ando perdido
en mis hipocresías.

Porque mis ideas
son como prostitutas
que se venden
cuando tienen hambre
o a veces
sólo por costumbre.

***

Las calles quieren tragarme
quiero caer en su teatro
ser un personaje más
entre mendigos, pegamenteros
putas, homosexuales
drogadictos, ladrones.

Ser libre
entenderlos.

Si el reloj me sorprende
junto con mi materia
volaré con ellos
hacia el infierno.

Cuando termine la obra
me bajaré los pantalones
y les mostraré el trasero
a las flores con veneno
que nos lanzan los espectadores.

***

La vida
se pierde
en el aire.

Igual que el humo
de los cigarrillos.

Ya sean
Payaso
Rubios
o Marlboro
da igual
la vida
se pierde.

***

No se despidió
sus sueños se ausentaron
se los llevó
el auto que lo atropelló.

Él está ahora
solo con la muerte
ellos con su cadáver
el que mañana los deja
porque no aguanta
la ansiedad
de alimentar
a los gusanos.

***

Tu niñez se perdió
en las calles
entre los peluches
en las meteduras de mano
de los mocosos
de tu escuela.

Tu cuerpo brotó
movimientos sensuales
que hasta Cristo
Buda, Mahoma y el Ché
desearían tenerte en su cama.

Que los dioses
no se lleven tu belleza
sin que antes
renueves mi piel
mi alma y mis huesos.

Después
te regalo mis arrugas.

Si a los dioses
no les gusta
que se vayan
a la chingada.

***

Tu indiferencia
le grita
a mi imagen
que se traspapele
en el tiempo.

***

Verte es necesario
como comer, dormir
defecar, narcovolar
odiar y morirse.

Hacerte el amor
es indispensable.

Que me ames
no es necesario
eso, me sale sobrando.

***

Harto de tratar de olvidarte
entre botellas y polvo
de que el recuerdo
de tu dolor
me masturbe en tu ausencia.

Harto de que cuando escribo
mi perro despida sus gases
de que mi padre
golpee a mi madre
en sus borracheras
de que la puta de mi hermana
se acueste sólo con niños ricos.

Harto de las vecinas chismosas
y sus maridos maricones
con toda su envidia
del predicador evangélico vividor
del sacerdote violaniños
de los bolseabolos
de las cantinas de mala muerte
y sus dueños ladrones.

Harto de ser el fracaso
de mis padres
pero ser feliz de ser
lo que siempre soñé.

***

Despierta
Tira las sábanas
no te vistas.

Sal a correr desnuda
por las calles
por el parque
por los supermercados.

Cuando estés limpia
de moralidades estúpidas
de religiones paganas
me dolerá
verte libre.

***

Que los pasos
de la calle
te guarden
en los espacios
sin luz
de la ciudad.

Que al despertar
la noche
te busquen
y se harten
a manos llenas
tu cuerpo.

No les cobres
sólo espero
que no seas
sólo una puta más.

***

Atención atención
espectáculos gratis
en los semáforos.

Los actores
hacen malabares
con el hambre.

Convierten la sed
en fuego.

No vaya hoy
ni mañana.
Ellos lo esperan
el día que a usted
se le dé la gana.

***

Tu imagen
anda extraviada
en el tiempo
que marcan tus pasos.

Tus ojos
murmurándole preguntas
al silencio.

Lastimando
con la ausencia
de tu alegría
por el robo
del que te hizo víctima
la muerte.

***

Te desnudé los ojos
y caíste en mi petate
muerta de vergüenza.

Despertaste con el sol
te viste libre de harapos
corriste por las calles
y los perros
guardaron tu desnudez
en su alma.

***

Harto de este polvo
que levantan
tus pasos.

Harto de que no
quiera largarse
de mis poros
en la espuma
del jabón
que me escurre.

***

Te entrometiste
en mis sueños
abro los párpados
aún estás rebotando
en mi memoria.

Trato de apurar
el paso
de mis necesidades
fisiológicas.

Al mismo tiempo
le pregunto a mis poros
¿Qué putas
hacés vos
entrometida en ellos?

Sólo espero
que este sueño
sea como promesa
de político.

***

Desperté
y las flores
me insultaron.

El colibrí las consumía
ellas lo disfrutaban
como el más sincero
orgasmo.

Los insectos

lo veían todo.

***

En los semáforos
en el bus
en las aceras
bajo los puentes
la indiferencia pasa ligera
golpeándote con desprecios.

Entiendo la fugacidad
de tus pupilas
en su precipitación al vacío
extrayendo de un golpe
los recuerdos.

Al igual que vos
estoy desnudo
y hambriento.

Sigamos soñando
quizá en un maldito suelo
la remera indiferencia
se clorifique en la conciencia.
Desperté

***

Escondido
debajo
de los parpados
del silencio.

***

Tu imagen
chocando en el pavimento
en los comercios
en los peatones.

Tratando de dejarla
en una casa de empeño
para descansar un poco
de tu fastidio.


EL CHONTE
Huyendo asustado
como iniciante
de ladrón de barrio.

Denunciado por pobres
a quienes no hay nada
que robarles.

Por eso
él se esconde
en un envoltorio
con colores que disparan
imágenes de miedo.

***

jueves, 11 de diciembre de 2008

lunes, 24 de noviembre de 2008

VAMPIROS, VAQUEROS, BORRACHOS, POETAS
Hay que trasladar la poesía
de los salones mustios
a la maquinación del caos

El jueves 30 de noviembre, una noche antes de halloween, nos reunimos en UN La Librería para presentar la publicación virtual UN LIBRO DE VAMPIROS tal como fue anunciado, en el marco del malogrado y mal llamado evento literario Máscara contra Máscara. Tuve el gusto de actuar como el vaquero solitario, aunque en compañía del autor de ese poema trágico sobre los upiros, Rafael Serrano; de Larry Mejía, casualmente ubicado tras una panatalla de televisón (símbolo de antaño) y de Willmer Echeverry, los cuatro leyendo nuestros versos, con la complicidad del pianista Fabián Fernández que embelleció nuestras palabras con precisas y preciosas notas provenientes del teclado que acariciaba con sus dedos.
La asistencia superó mis siempre pésimistas expectativas; si bien el auditorio es pequeño, estaba abarrotado. Obsequiamos a la concurrencia con poesía, carteles, vino y una velada que muchos, según comentaron, disfrutaron.
Luego fuimos a celebrar de la mejor manera que sabemos hacerlo: bebiendo hasta estar borrachos.

DE LA ESCLAVITUD A LA OBLITERACIÓN
o
LA PORTADA DEL DISCO DE BLACK SABBATH

Para mí este Libro de Vampiros es un relato entrañable, tanto por los afectos que comprende como porque va directo a las entrañas; a propósito, me resulta estimulante leer sobre las hembras que parece que pusieran el pulso virgen de sus venas en el oído de Naël Bröck... protagonista de este relato lúcido de una historia delirante sobre lo falso que parece cierto y las certezas que se tornan imprecisas, vagas, nebulosas...
Se trata de un upiro que se acerca sin sigilo, vacilante, sibilante, acezante, quien igual a los murciélagos –mariposas roedoras– o la ola marina, entre más se conjure con mayor fuerza se precipita indigesto pero insaciable de sangres de doncellas perturbadoras del sueño inverso del noctámbulo con plegarias a las que él responde como un filósofo de tocador o un maestro de la escuela del libertinaje. Incluso da consejo a una muchacha para que no se una a esa extirpe maldita y cautivadora a la que inevitablemente ella pertenece(rá). Y es esta chica, una Mina Murray, mujer que surge –bendita– como una luz que amenaza con seducir y destruir al vampiro. O aquella que como Elizabeth Stride descubre el placer de la víctima y, al contrario de sirenas y Odiseo, es ella quien escucha el suave canto de la muerte que la guerra trae...
Se presenta al lector en este drama menor -lo digo pensando más en escala musical que en términos dramaturgicos- el vampiro con sus malas mañas, su dudosa conducta y su vida licenciosa (lo que todo buen hombre quisiera tener), que masculla en su foso, enterrado bajo palabras; pasa como un soplo nocturno y se funde con la casa (que se presiente pálida y ruinosa, como la de la portada del disco de Black Sabbath); nos pinta su sombra que doblega otras sombras y su reflejo al que rehuyen los espejos; nos retrata un ser consagrado a la pasión del sufrimiento propio y ajeno, capaz de convocar pestes, almas muertas, noches negras y mundos posibles; que es en sí la suma de una fauna fantástica de bestias y bichos que pululan, se crispan, laten, degluyen y regurgitan y son el otro mundo; primo de la araña es, pariente de la pulga, esa otra criatura succionadora de sangre.
Hay otras presencias, al lado de la sombra del vampiro, lo advierto en esa voz que con entusiasmo de una oscura secta resuelve clonar al demonio y aguardar el regreso de la bestia. Y está por allí Glaslow, el herrero quien podría ser el tipógrafo que acuña las letras con las cuales se escriben los hados.
La oscuridad y su presencia, la penumbra y su sugerencia, la tormenta y sus misterios, la noche y sus miedos cabalgan carcajeantes por el paisaje lóbrego e impreciso que como un ser inmortal atraviesa el tiempo y resulta sobrecogedor. Leo y encarno como Max Schreck, Bela Lugosi o Christopher Lee al vampiro y navego hacia la isla de los muertos de Arnold Böcklin pero nunca llego. Se me ocurre una pregunta: ¿No será el ataúd una suerte de canoa que ningún Caronte conduce? Y como cualquier upiro callejero transito la rutina y el tedio, fábrica de muerte de los días. Y es fácil, es fácil ser vampiro. Es terrible y es hermoso.
Finalmente este Libro de Vampiros es como el reflejo del vampiro en el espejo: no existe, pero su presencia se siente y basta invocarlo para que comience su vida eterna. Es además una historia que transcurre desde la esclavitud hasta la obliteración y está aquí presente la belleza de la muerte: lo plácido en lo mórbido. Este libro era la vida que no acaba y se hacía necesario clavarle la estaca. Sus versos serán ceniza, mas tendrá sentido. Y así como no habrá funeral para el vampiro, a partir de esta noche la sombra de este libro perseguirá a su autor que a veces sí y a veces no aparece en las fotos.

pablo estrada

martes, 1 de abril de 2008


A ellos los encuentran en vidrieras,
a nosotros, frente a ellas, tratando de romperlas.

R.S.
El miércoles 13 de febrero de 2008, en el Café Libro De Sobremesa dirigido por Magil, el ya legendario autor de la novela Conciertos del desconcierto, los negacionistas y un par de colegas: Rafael Serrano y Willmer Echeverry –como dice uno de ellos en su blog– “nos reunimos […] ingenuamente, a esperar el público que previamente habíamos convocado sin afanes, entre amigos” y que jamás llegó. Afortunadamente para nosotros, otro par de camaradas y un pequeño grupo de estudiantes de la Universidad Distrital estuvieron presentes. Para mayor afrenta, a poca distancia, en la Universidad Jorge Tadeo Lozano, la otra cara de la moneda brillaba en medio de su opacidad inherente: la institucionalidad de nuevo daba el espaldarazo a la literatura que no lo necesita, para congraciarse con la Unesco que gentilmente otorgó a nuestra iletrada Bogotá el ostentoso e inmerecido título de capital mundial del libro, esta vez reuniendo a quizá las más rutilantes estrellas pop de la poesía nacional: el amplío –en términos geométricos– Juan Gustavo Cobo Borda, el funesto Darío Jaramillo Agudelo, el “comprometido” (con su propio prestigio) Ramón Cote Baraibar y el vate de bates Juan Manuel Roca.
«De qué nos sirve la vida si cuando la tenemos nos parece muerta.
La vida es para vibrar, para sentirla,
solo así se justifica nuestro paso por esta Tierra.»
Jaime Pardo Leal
Para evitar el esfuerzo de criticar e interpretar la poesía de Echeverry quien con cierta amarga nostalgia confesó llevar más de 10 años sin leer en público luego de un malogrado recital al que nadie asistió por razones que podríamos llamar típicamente nacionales: el asesinato de un político de izquierda, candidato presidencial por ese entonces, citaremos nuevamente a Serrano, quien menciona el carácter enigmático y a la vez pictórico de sus poemas, “son cuadros para armar mientras se degustan”, afirma; “es poesía de acción, de símbolos, llena de color y enigma”, concluye. Y sobre el autor y amigo comenta que durante esas dos décadas “en el ostracismo, en la meditación, en el auto-exilio” se ha dedicado a escribir 7 poemarios hasta ahora inéditos, “de tan buena factura, que cualquiera caería de la silla”… y es “poeta de la imagen, un pintor que ríe […] de los horrores” y paradójicamente omite las sabias palabras de aquel mártir de causa perdida que impidió con su sacrificio que la gente asistiera a aquella lectura del 87 y que dan sentido a su ausencia de los estrados literarios que otros incautamente reclamamos con vehemencia.

viernes, 28 de marzo de 2008

Willmer Echeverry

MANIFIESTO POÉTICO 1996
– Somos el resultado de la violencia.
– Nuestros orígenes no se pueden basar en el acto de la venganza.
– Nos reconocemos como seres de límites.
– La historia es un hecho poético.
– Ante la sospecha de que todos seamos sospechosos de intereses particulares, se decretan los actos individuales, libres.
– El arte es una carta abierta a la arbitrariedad.
– La palabra debe ser verbo, el movimiento es conocimiento.
– El arte es el alma de un pueblo, su negación es generadora de violencia.
– La verdad se oculta en nuestros orígenes y es en el camino de la experiencia diaria donde se encuentra su desarrollo.
– Al aceptarnos como seres en estado de contradicción continua, se perdona a aquellos que se refugian en ideas para el no compromiso.
– La ignorancia es la amiga de la quietud.
– La historia es un presente continuo.
– Sólo se es participe de la historia viviendo el presente.
– El pasado es el poema que nunca escribimos, el futuro la palabra no encontrada.
– Quedarse en intereses particulares es desear la desaparición del otro.
– Es obligación decir la verdad en el arte. Los valores como el conocimiento no son algo que solamente se lea en los libros. Es algo que se vive todos los días.
– Cada ser humano es el centro y medida de su belleza. Se decreta el fin del academicismo como medida absoluta. La academia es un lugar posibilitado de ritmos, no un patrón de medida.
– Debemos ser capaces de convertir nuestras maldiciones en bendiciones.
– Ante la poética sólo nos queda la experiencia personal.

Desquicio 2007
El presente trabajo corresponde a los “Ejercicios para dibujantes” que se usan en las clases de artes, para los estudiantes de artes y como una forma diferente de pensar la palabra en la poesía.
– Una persona que observamos en un televisor.
– Algo construido a partir de la luz.
– Algo que pueda desaparecer en el tiempo.
– El cielo de un país diferente.
– Un rayo de luz que entra por la ventana.
– El reflejo de la luz en un espejo.
– Un rayo de luz que golpea una fruta.
– Una historia en cinco tiempos diferentes.
– De lo que pasó el día de ayer.
– Cosas que puedan pasar en el futuro.
– Cinco formas de la luz al amanecer.
– Cinco formas de irse la luz en el atardecer.
– El no dibujo.
– ¿Qué hacen cuando no tienen nada que hacer?
– ¿Sobre qué pensamiento pueden caminar?
***
CITA CON UNA DAMA o LA SIGUIENTE JUGADA DE DIOS
Pasé gran parte de la semana rodando por las carreteras. De nuevo, trabajaba para mi padre. Al sexto día de trayecto me encontraba en Bogotá, haciendo lo mismo que he estado durante años. Madrugar, conducir, pensar, desvelarme, joderme la cintura y los riñones, esperar a que las horas pasen para llegar a un destino –el cual, básicamente era ningún lugar– y entretanto seguir pensando.
Una vez en la ciudad capital fui a un lugar al que usualmente frecuentaba para revisar mi correo electrónico. Sólo por matar el tiempo. Trabaja en él una chica bastante simpática. Saludó, jovial, radiante, feliz. Me alegré por ella. A veces, o por lo general siento envidia de la gente feliz, porque no logro comprender dónde o en qué reside su felicidad. Quizá sea algo auto-impuesto y por ende, evidente. Pero en este caso aquella chica emanaba naturalidad. Entonces, cuando logras percibir eso de alguien, no tienes más que sentirte bien. Además, al despedirse soltó un beso al aire. Casi no lo pude creer. Era más de lo podía esperarse. Hacía nueve meses no tenía un contacto tan cercano con una mujer que no fuese mi madre o mi hermana. Me seguían agradando las mujeres, pero no quería pasar por el abandono y la pena de nuevo. Mi chica se había ido, no porque fuera una mala mujer. Se había ido porque el destino se empeñaba en tocarme los cojones y Dios no estaba por ninguna parte. Teóricamente asumo que Dios me dio un fabuloso helado de vainilla y seguidamente lanzó sobre mí una horrible y tempestuosa ventisca, que hizo que este se cayera en un montón de arena desierta. Y no conforme con ello, nubló mis ojos de gránulos secos y penetrantes. Un minuto de esperanza por cada dos o tres eternidades de desdicha. Más otras cuatro o seis planteándote la cuestión fundamental: ¿Dios, qué coño te pasa?
A la mañana siguiente emprendí de nuevo la marcha, intentado dormir un poco, a la espera de mi turno al volante. Y como insisto, Dios no aparecía. Ni siquiera de madrugada. Ni madrugándole. Así que a las cuatro de la mañana mi padre encendía la radio para escuchar las noticias. Una mierda reiterada que no hacía más que repetirse, hora, tras hora, principalmente porque, si dejabas de prestar atención a toda aquella logorrea, comprendías que usualmente a las cuatro de la mañana no pasa nada del otro mundo. Ni a las cuatro de la tarde ni ayer ni nunca. Pero existe esa necesidad de HABLAR de lo que ocurre, de tener la certeza de informar, de estar informado. Estar informado en un país tercermundista en el cual –entre otras barbaries– todavía se apela a la circunscripción de la iglesia católica hasta para tirarse un pedo, no significa otra cosa más que estar jodidamente sometido por unos gobernantes que hacen uso de sus propios medios para alimentar sus propios egos y hacerte creer lo bueno que han sido, son y serán contigo como ciudadano. Y una mierda.
Y como la vida es cruel, sobretodo en la mañana, una vez escuchado el sagrado cacareo de todos estos hijos de puta, mi padre enciende la tele portátil del auto. La misa del padre Chucho. Maldita sea. Padre Chucho, mis bolas. Y Jota Mario. Nadie imagina cuánto daño provoca ver, o escuchar estas atrocidades. No han pasado tres horas y es para darse por vencido. Oh, Dios de los cielos, algún día de estos te escribiré:
Querido Dios.
Sé perfectamente que no me quieres. Eso implica que no te importo.
Está bien, no te culpo por ello. Pero si no me quieres, ¿porqué no paras de joderme?...
Tuyo, hasta la eternidad
John B.
Por supuesto, desperté malhumorado y maltrecho. Con una erección notoria y vergonzosa. Quizá mi padre pensaría que mis sueños eran verdaderas antologías pornográficas. Pero nada había de sexual en mis sueños. Tan sólo cientos y cientos de pasajes angustiosos. Una casa fría y desolada. Lágrimas en un cuarto húmedo, contemplando un triciclo oxidado. Pesadillas que me recordaban aquella prolongada y estéril infancia. La finca de mis abuelos, en la que pasaba un mes de vacaciones escolares enfermo de fiebre y picaduras de bichos, y chamanes rezándome las bolas, quienes usualmente se inflamaban. Y toda la familia observándome allí, desnudo, incapaz de hacer cualquier cosa. Y mis primos burlándose de mis bolas enfermas… en fin. Dios se aparecía en mis sueños, diciendo: “Oye, mira: estoy aquí”.
Volviendo a lo de la erección, era más bien un asunto de la biología matutina. En todo caso llevaba nueve meses sin echar un polvo. No estaba dentro de mis planes. No obstante, en ciertas ocasiones sentía una vaga sensación de deseo. Entonces me resolví. Al llegar a Medellín comenté acerca de ello con un taxista.
–¿Nueve meses? ¡Dios santo! –dijo.
Con frecuencia se menciona a Dios en estos casos.
–Conozco a una dama. –dijo. Tiene dos hijos, y esposo, pero necesita el dinero. Sabe atender bien a sus clientes. Es algo baja de estatura pero está bien conservadita…
Me dio un número. Su nombre es Dayanna. Se me ocurrió sospechoso aquel nombre. Lo hacía por quince billetes, según el taxista. Otro dato sospechoso. Abandoné la idea de Dayanna y mis quince de mil.
Al llegar a casa –en un tercer piso– instalé una línea de Internet proveniente del primero. Un servicio compartido. Fácil. Si el tipo del primero se encontraba en casa, nada qué hacer. Y si no estaba, podía conectarme. El tipo tenía un trabajo y estudiaba y yo tenía un trabajo ciertamente ocasional y no estudiaba. Permanecía semanas enteras encerrado en mi cuarto, pensando, esperando, masturbándome la conciencia. Por lo pronto no había nada afuera que me resultara agradable. Había enloquecido meses atrás y posteriormente había caído en la mar de la depresión. Ahora sólo me quedaba contemplar a lo lejos mi helado de vainilla derritiéndose bajo el sol canicular. Y qué coño. A Dios se le hace divertido. Quizás hablaba de ello mientras bebía, o hacía milagros o se rascaba el culo. Al respecto tendré que escribirle otra carta:
Querido Dios
He visto al Diablo. Se me apareció en una película de abogados. Su nombre es Al Pacino.
Es un hombre fabuloso. Por mucho, mejor que tu padre Chucho.
Ojalá y el buen demonio no se enoje conmigo por tan humillante comparación.
ahora dime: ¿Qué vas a hacer? Sé que eres bueno con eso de las enfermedades.
¿Qué tal un cáncer? Bien, piénsalo. El tiempo pasa. Quédate con tu helado.
Hasta pronto. Por cierto, no te vueles los sesos.
PD: Hazle un favor a nuestro presidente: Unas cuantas lecciones de pronunciación.
A nadie le viene mal aprender a hablar.
Tras algunas horas de vagar por la red encontré a la chica adecuada. Preparé un café, tomé un baño concienzudo y escuché algo de música. Me afeité y me corté el pelo. En cierto modo estaba entusiasmado con la idea de mi chica de setenta y cinco minutos y tarifa estándar. Tuve tiempo de ojear un libro de Fernando González. Bajé al centro y compré un porro, al que le di un par de caladas. No podía fumar más. Mi salud no lo permitía. Más bien Dios no lo permitía. Pero el ser humano necesita alejarse un poco de la sobria realidad. De lo contrario sería imposible levantarse cada mañana. Y la gente sobria necesita de nosotros, los desesperados, los desarraigados, los idiotas idealistas, los inadaptados. Funciona para negar sus propias desgracias y sustentar su lucidez. Aún así, es una pena que la mayoría ni siquiera pueda enloquecer.
Mi chica se hizo esperar. Es así como actúan las mujeres. Aún habiendo dinero de por medio y se hacen de rogar. Una verdadera dama. Entré a esperarla en un bar mientras bebía una cerveza. Tampoco podía beber. Según el psiquiatra mis expectativas con el alcohol y las drogas deberían irse a la mierda: Media copa de vino –o en su defecto una cerveza– y un porro al mes, toda vez que me recupere. Y tras un año la recuperación no llegaba. Bien, otro de los chistecitos del todopoderoso…
Aquel bar me resultaba familiar. Recordé a un par de chicas con las que bebía ríos enteros de cerveza. A las dos las amaba, en cierto modo porque estaban fuera de sí. También recordé a mi chica, con la que bebía vino en el bar de enseguida. Aquellas mujeres fueron lo mejor de la vida. Pero nada de ello había en el presente. Tan solo un par de sillas desocupadas y distantes, y una grotesca melancolía por los “viejos tiempos”. Lo que quiere decir que te sientes envejecido y apaleado. Quise llorar un poco pero las lágrimas no aparecieron. Y salí en busca de mi polvo de las siete cuarenta de la noche.
Se trataba de una morena de lo más completo. El bisturí cumplió con su tarea. Y ella cumplió con la suya. Pero todo era muy diferente. Llevaba en el alma la memoria de aquel cuerpo que tanto amaba. Y era difícil de olvidar. La cosa duró unos cuarenta minutos. Tal vez el masaje que precedió la faena fue lo que valió realmente la pena. Por primera vez en mucho tiempo me sentí desagobiado.
Nos despedimos con besos y abrazos. Cené en un cochambroso restaurante y me fui a casa, a esperar la siguiente jugada de Dios.
Y mi respectiva respuesta.
JOHN BOTHIA
Medellín

jueves, 27 de marzo de 2008

Los negacionistas queremos agradecer públicamente a la UNESCO, la Fundación Común Presencia, el periódico virtual Con-Fabulación y el Ministerio de la Cultura, los cuales convocaron a la segunda celebración del Día Mundial de la Poesía, el pasado viernes (santo) 21 de marzo, equinoccio de primavera, y en el que participaron varios poetas colombianos reconocidos y no tanto, por NO habernos tenido en cuenta y evitarnos así participar de “aquello”. Y también por habernos permitido conocer la obra –de su propia voz– de Guillermo Martínez González que junto al ya por nosotros conocido tono de Jotamario Arbeláez, Rafael del Castillo y Mauricio Contreras, que a nuestro juicio estuvieron a la altura, la por nosotros notada ausencia de Juan Felipe Robledo, Jorge Cadavid y John Jairo Júnieles –quienes habían sido programados–, la por nosotros hasta entonces no vista faceta lírica de Rodolfo Ramírez, la por nosotros inadvertida presencia de otros, entre ellos Alberto Rodríguez Tosca, a quien el ritmo nato cubano no le dejó pasar del todo desapercibido (por nosotros) y las señoras invitadas a leer… ¿Cuándo será que de veras aparece una “mujer en escena” que aporte algo a la poesía nacional?... y los desatinos de Federico Díaz-Granados –quien osa dar talleres de poesía… ¿qué enseña: lo que no se debe hacer?–, las niñadas ‘bien’ de Mario Jursich y la desabrida vacuidad carente de fuerza y carácter de Alfonso Carvajal, quienes entretuvieron a un público nutrido (en alimento más que en número) que tampoco era multitudinario y entre el que se vio –como diría un amigo– mucho de fauna literaria criolla y uno que otro oligarca senil que cree que asistir a ese tipo de eventos da prestigio cultural o algo así y lo manda callar a uno (a nosotros) cuando está a punto de hacer uno de sus mordaces y atinados comentarios que tan bien le caen a semejante solemnidad y acartonamiento del que la poesía colombiana todavía no ha logrado librarse y gracias a los cuales (los comentarios), si como en aquella ocasión no hay café sino aguardiente, uno quiere no dormirse o morirse de aburrimiento. Además como fue en el Museo Nacional, hubo tiempo antes para pasar a ver la exposición Nación Rock, que vale la pena, pese a que haya quienes con desdén dicen: ¿Esto era todo?, sin entender que no es lo que hay, sino lo que significa… En fin. Al diablo esto y lo otro. Y, como sea, gracias.

miércoles, 19 de marzo de 2008


HE AQUÍ EL AMOR

He aquí el amor.

Repito:
He aquí el amor.

Pero mejor hablemos de esta puerta.
Una puerta es una puerta
a la que yo golpeo día y noche,
a la que yo golpeo día y noche,
a la que yo golpeo día y noche.
Y aunque nadie responda
y aunque nadie responda,
y aunque nadie responda,
el aire es el aire de todos los días
las plantas son verdes como siempre
y el mismo cielo esférico me envuelve
lunes, martes, miércoles, jueves viernes, sábado y domingo.

¿Pero qué puedo yo decir del amor?
¿Qué puedo yo decir del amor?
¿Qué puedo yo decir del amor?
En cambio, esa puerta es indudable;
por ella entro y salgo y noche
hacia los verdes campos que me esperan,
hacia el mismo cielo esférico y perenne.

¿Pero qué puedo yo decir del amor?
¿Qué puedo yo decir del amor?
¿Qué puedo yo decir del amor?

Mejor sigo hablando de esta puerta.

Jorge Eduardo Eielson (Lima, 13 de abril de 1924 - Milán, 8 de marzo de 2006)

El poema He aquí el amor apareció por primera vez en Textos literarios (Luis Jaime Cisneros, Lima, Pontificia Universidad Católica, 1957)